viernes 26 de junio de 2009

El legado del Sánscrito

Harto de que la gente me pregunte para qué estudio sánscrito, caigo en su juego y busco algunas ejemplos de palabras visiblemente relacionadas por compartir su raíz indoeuropea con algún término sánscrito o por ser préstamos de origen sánscrito al castellano a través de otras lenguas. No debería hacerlo. Me preguntan ¿de qué sirve estudiar latín, griego, o sánscrito?... pero ¿de qué sirve estudiar casi cualquier otra cosa?

  • Asana (una conocida posición de yoga)
  • Atutía o tutía (Del ár. Hisp attutiyya, este del árabe clásico. “tutiya” y este del sánscrito tuttha) Óxido de cinc, generalmente impurificado con otras sales metálicas, que de manera de costra dura y de color gris se achiere a los conductos, chimeneas y hornos donde se tratan minerales de cinc o se fabrica latón.
  • Avatar (Del francés avatar, y este del sánscrito avatàra) Descenso o encarnación de un dios. Fase, cambio, vicisitud. Reencarnación transformación.
  • Hiemal: ‘invernal’ (latín hiemalis; sánscrito hemanta: ‘invierno’)
  • Júpiter (latín Iu-piter: ‘padre de los dioses’; sánscrito Diaus-pitar: ‘padre del cielo’).
  • Brahmán (bráhmana) Del árabe clásico barahman, este del persa barahman, y este del sánscrito bráhman, cuerpo de teólogos. Miembro de la primera de las cuatro castas tradicionales de la India.
  • Buda, del sánscrito persona que ha alcanzado la sabiduría, la perfección.
  • Gurú (del sánscrito gurús, maestro). Jefe espiritual o religioso.
  • Esvástica (del sánscrito svástica) cruz gamada
  • Karma del sánscrito karma “hecho, acción” En algunas religiones de la India energía derivada de los actos que condiciona cada una de las sucesivas reencarnaciones hasta que se alcanza la perfección.
  • Mantra del sánscrito mantra, literalmente pensamiento. En el hinduismo y en el budismo silabas palabras o frases sagradas generalmente en sánscrito que se recitan durante el culto para invocar a la divinidad o como apoyo de la meditación.
  • Nirvana voz sánscrita. En algunas religiones de la india es el estado resultante de la liberación de los deseos, de la conciencia individual y de la reencarnación, que se alcanza mediante la meditación y la iluminación.
  • Yoga del sánscrito yoga: unión, esfuerzo. Disciplinas físico-mentales originarias de la india, destinadas a conseguir la perfección espiritual y la unión con lo absoluto.
  • Ajedrez (préstamo del árabe as-satrany, pero de origen sánscrito: chaturanga, ‘cuatro miembros’).
  • Azúcar (préstamo del árabe, de origen sánscrito: sukha, ‘dulce’)
  • Azufre (préstamo del árabe, de origen sánscrito śulbāri: ‘enemigo del cobre’; siendo śulbā o śulva: ‘cobre’; āri: ‘enemigo’).
  • Azul (Quizás alteración del árabe hispano lazaward, este del árabe lazaward y este del persa lagvard o lazvard y este del sánscrito rjavarta, “rizo del rey”.
  • Burbuja (en sánscrito budbudah).
  • Diestro (latín dexter; sánscrito daksina: hábil, derecho)
  • Naranja (del árabe hispano naranga, este del árabe náráng, este del persa narang, y este del sánscrito nárańga).
¡Ah, y el Sánscrito aun se habla!

El yambismo y Horacio

¿Qué tienen que decir los romanos por sí mismos? El yambo, la sátira. Su nombre, “satira” se relaciona con varios posibles orígenes: primero podría provenir de los “satiros” griegos. Por otro lado podríamos relacionarla con “lanx satura” (una bandeja con ofrendas distintas y variadas). Por último cabe señalar que su nombre podría proceder de una salsa “satura” que se confeccionaba con una mezcla de ingredientes variados. Siempre está presente, como vemos, el concepto de “mezcla”. Esta última parece la opción más convincente ya que la comida está muy presente y en muchas ocasiones tiene un valor metaliterarios dentro de la sátira. El espíritu de la sátira, es decir, la inclinación a zaherir personas o poner de manifiesto llagas, defectos, lo encontramos, en cambio, ampliamente, en la literatura griega: Arquíloco VIII, Hiponactes a finales del VI, Timón en el III y, por supuesto, toda la comedia antigua: Susarión, Quiónides, Magnetes, Ectántidas, Querilo, Cratino, Eupolis, y Aristófanes. Ya en Roma nos encontramos con Ennio y Lucilio. Es considerado, este último el padre de la sátira porque en Ennio falta, se hecha de menos, una invectiva contra individuos concretos, porque Lucilio posee mayor libertad de palabra y, asimismo, por el uso del hexámetro en la satura. La invectiva de Lucilio se relacionó repetidamente con el yambo griego por su brutalidad. Pero ¿por qué permitían esta libertad a Lucilio? ¿Por su origen: por su dinero? Ambos factores influyen. Procedía de una clase dirigente y poseía muchos bienes. Por otra parte, Horacio tiene un tono diferente : él no trata de atacar a alguien con nombre y apellidos, sino que pretende que la gente sea feliz, apela a la virtud mediante sus críticas (constructivas). Horacio es un poeta cívico y un gran defensor del “mos maiorum”. Lucilio sí ataca a sus coetáneos y por ello se convertirá en un símbolo para los satíricos posteriores. Los latinos reivindican “satura tota nostra est”. Teniendo en mente que Lucilio es el primer autor satírico puesto que sus predecsores son para él “semigraeci”. Su primera sátira, de hecho es una crítica feroz al filohelenismo. Como hemos preferido en Horacio falta un enemigo emblemático (aunque a veces llega a dirigirse a la comunidad en general), propio de yambógrafos anteriores. De hecho, a pesar de su supuesta misoginia (que deducimos por su amor a la satira y por su desprecio en cuanto a la elegía donde la mujer es una figura central), el único personaje que aparece reiteradamente es una mujer: Canidia. Aparece tanto en las “satiras” como en los “Epodos”. Suele representarla como una “bruja” especialista en “pocula amoris”. La relacionan con Medea (la bruja por antonomasia de la mitología) . No deja de ser Canidia un alter ego del propio Horacio. Su nombre quizás se deba a que se parece a “Canitia” pelo canoso, o bien a “canis” “perro”. Esta última reforzaría la idea de “achicharramiento” nombre que recibían en la antigüedad las mujeres lascivas. Canidia representa la ira yámbica, autodestructiva en cierto modo. La debilidad de Horacio aparece en dos ámbitos, el tratamiento sexual y su posición respecto a la jerarquía. Con respecto al apelativo usual de “Horacio impotens”, diremos que el problema es más bien social que físico. Cuando aludimos a la impotencia de Horacio no se hace referencia a que sea deficiente físicamente sino a su impotencia social provocada por su falta de virilidad y por su abrumante pasividad sexual. Como afirma Foucault en su Historia de la sexualidad “se trata d eun principio de isomorfismo entre relación sexual y social. Siempre debemos pensar en una polaridad que opone “pasividad” y “actividad”. Además incluso el propio Horacio tneía constantemente en mente el hecho de que era un “advenedizo”, un venido a más,. Es decir, tenía siempre presente su origen, el que su padre hubiese sido un libertoy uqe había escalando entre la sociedad. ¿ Quízás por ello presenta a su “alter ego” Canidia, con tanta ira yámbica, en puntos, autodestructiva? Puede que la debilidad que Horacio no se refiera sólo al tratamiento del sexo (donde aparece Canidia) sino también confluirá su sentimiento de creerse un advenecizo y un parásito con respecto a la jerarquía de Mecenas. En latín el yambo lo ensayó Ennio, lo modeló Lucilio, lo perfeccionó Horacio, y lo acarició Persio mientras Juvenal lo iluminó con todo el imaginario de su retórica.


jueves 25 de junio de 2009

La "Ley Zapatero".

Estas últimas semanas no tengo demasiado tiempo para escribir en el blog, en cambio, se me ocurren muchas cosas que contar. Hoy va de política, algo de lo que sólo hablo con cuatro o cinco personas y siempre en privado, jamás en una cena o en un lugar público, pues me parece de mal gusto. Vi un par de entrevistas en televisión que hicieron al presidente español del gobierno. Tras la corta derrota en las "europeas" (creo que acabaron 23-22 PP y Psoe), el ejecutivo español decidió intentar acercase al pueblo (que mejor manera que un debate con comentaristas televisivos). Espero que se haya percibido la ironía. Hablaban de la subida de los impuestos. La subida parece normal ¿no? Politicas sociales, igual a gasto público: Estado tiene que recaudar. Lo que yo no entiendo es lo que dijo Zapatero de que esas subidas eran normales, que estaban en sintonía con las de los años anteriores y que respondían en gran medida a la lucha antitabaco y a la batalla contra el medio ambiente. Tabacalera, por lo que he oído, es "media" del Estado. ¿Cómo va a querer el estado que la gente no fume? ¿Y si nadie fuma? ¿De dónde recaudará el Estado? ¿Y si todos nos volvemos verdes y utilizamos sólo el transporte público? Tranquilos, entonces volvería Aznar (quien también estuvo recientemente en Telecinco con una "gran profesional" como es Ana Rosa Quintana) para intentar clasificar las compresas como "bien de lujo". En estos últimos tiempos una de las pocas cosas gratas de la política que conozco es la "Ley Zapatero". A propuesta de los socialistas españoles ha entrado en vigor una ley en Togo, (África, para despistados) que radica la pena de muerte en este país. Y todo esto cuando todavía hay quien la quiere implantar en España, o quienes "se alegran profundamente y están entusiasmados con cualquier ley del aborto". En estos temas sí hay que tener respeto y algo muy cercano al miedo a las palabras. Por cierto, no fumo.

lunes 15 de junio de 2009

Ignacio Pérez

INESPERADO

Viento fugaz
Te llevas mis anhelos
Los cambias por otros
Aunque no sea mi deseo

Fuiste repentino
(Y tal vez oportuno)
Tarde o temprano
Cambiaría mi camino.

Sabía que lo harías
De uno u otro modo.
De antemano te digo, que por todo
Muchas gracias gran amigo.

martes 9 de junio de 2009

Não só quem nos odeia ou nos inveja


Não só quem nos odeia ou nos inveja
Nos limita e oprime; quem nos ama
Não menos nos limita.
Que os deuses me concedam que, despido

De afetos, tenha a fria liberdade
Dos píncaros sem nada.
Quem quer pouco, tem tudo; quem quer nada
É livre; quem não tem, e não deseja,

Homem, é igual aos deuses.

Fernando Pessoa, Ricardo Reis

Leí el poema, me gustó y lo anoté. Me desconcertaba lo de Ricardo Reis hasta que me acordé de lo de los heterónimos de Pessoa. No puedo evitar recordar a Safo y a Catulo al leer su último verso.

Fernando Pessoa es tan gran poeta que puede despersonalizarse en la figura de innumerables heterónimos configurando, a través de sus múltiples voces, a la amplitud y complejidad de sus pensamientos. Ricardo Reis, en concreto, marca lo relativo a su nacimiento.

"Médico de profesión, monárquico —circunstancia que lo llevó a vivir emigrado algunos años en Brasil—, educado en un colegio de jesuitas, recibió una formación clásica y latinista y fue imbuido de principios conservadores. Domina la forma de los poetas latinos y proclama la disciplina en la construcción poética. Ricardo Reis es marcado por una profunda simplicidad de la concepción de la vida, por una inmensa serenidad en la aceptación de la relatividad de todas las cosas. Es el heterónimo que más se aproxima a su creador, tanto en el aspecto físico —es moreno, de estatura media, camina algo curvado, es magro y tiene apariencia de judío portugués (Fernando Pessoa tenía ascendencia judía)— tanto en la manera de ser como en el pensamiento. Es adepto del sensacionismo que hereda del maestro Caeiro, pero al aproximarlo al neoclasicismo lo manifiesta en un plano distinto".

lunes 8 de junio de 2009

Ios y la historia de mi toalla amarilla

Como buen filólogo y humano que se precie me remito más a los documentos, a las pruebas que a mi memoria, reconstrucción o imaginación: escribimos un diario cuando hicimos el interrail. En Ios, la famosa isla griega, comenzó la tragedia de mi toalla. ¡Venga Sófocles, supera esto! :

Escribe mi prima Adriana. “Hoy me levanté bastante negra y ahora estamos en Koumbara beach. Óscar está achicharrándose al Sol y yo en un bar cercano tomándome una coke larga”. Mi prima se cansa de escribir y se dedica a leer “Cien años de soledad”. Más tarde tomo yo la libreta: “De hecho me estaba achicharrando en Koumbara Beach. Era una playa bonita, amplia, para ser griega, aunque no demasiado cómoda, pues los cantos rodados invadían sus orillas y sus poco profundas cercanías. Me bañé unas tres veces al lado de dos chicas creo que griegas que me pidieron un fuego que yo no tenía. Cuando me daba un chapuzón vino Adri a recogerme y tras un par de otos en un mirador volvimos a tomar un bus hasta el puerto de la isla. (1,20 menos) Yo me compré salchichón en la tienda y me hice un macrosandwich dejando únicamente tres rodajas para nuestras vecinas de tienda, las hormigas (estuvieron entretenidas un buen rato). Adri no quiso comer porque le aburren los bocadillos. Estuvimos en la tienda por el frío mientras yo leía en la tumbona. Nos duchamos y nos encontramos a las madrileñas y a una nueva chica llamada Sandra que resultó ser bastante maja. Cenamos los cinco juntos, aunque no todos nos nutrimos demasiado. Cogimos un bus hacia Hora, tras hablar sobre retrestes y posturas “necesarias” durante la cena. En Hora perdimos un componente de la expedición; la chica maja, Sandra se encontró con un chico con el que se había peleado y se fue con el mismo a solucionar sus diferencias. Lo pasamos realmente bien por las angostas callejuelas de la capital de Ios. Llegaron incluso a cantarnos una cancioncilla. Un italiano que había estado de Erasmus en La Coruña nos deleitó versionando el famoso: “Vigo no, Vigo no, Vigo no…”. Yo, en el nombre del Celtismo, tarareé el “Mucho Coruña…Mucho Riazor…” que todos reconoceréis. Charlamos intentamos bailar, tomamos algo, y ya tarde nos fuimos al camping descubriendo una calle que atajaba directamente hasta el puerto, evitando que tuviésemos que sortear curvas imposibles. Intercambiamos E-mails y dormimos. Una de las madrileñas era profesora de niños pequeños y la otra era decoradora de Cuatro. Adri y yo durante la noche le habíamos preguntado de todo sobre gente famosa. Lo que nos contó sobre Iñaki Gavbilondo fue una decepción. El treinta de julio del dosmilsiete se produjo la gran pérdida. Nos levantamos temprano porque el calor era inaguantable en la tienda. Desayunamos bien y fuimos a Milopotas. Adri dio un paseo por la playa y después se fue a tomar algo. Yo me achicharré en la playa, llegando incluso a quedarme dormido. Nos fuimos a comer temprano a un barecillo de la playa. Comimos pittas con patatas. a pesar de haber pedido expresamente mi pitta sin cebolla estaba invadida por ella. Comimos y charlamos con tranquilidad y a al hora de pagar el hombre, o bien se equivocó fortuitamente de mesa para cobrarnos más o lo hizo ex proffeso en lo que sería el cuarto intento de timo que evadimos. En ese restaurante abandoné mi toalla. Allí está mi último recuerdo de ella. Sobre el respaldo de la blanca silla. Mi toalla, del color del Sol, abandonada, quedó en manos de un griego sospechoso de tentativa de timo. A mitad del camino me di cuenta de todo. Era demasiado tarde para volver. Volvimos al puerto tras abandonar mi toalla en aquel bar. Snif Snif. Cogimos un bus para el puerto y leímos toda la tarde en la piscina. Sandra apareció y estuve charlando con ella un buen rato. Adri vino después porque estaba durmiendo en la tienda, creo que enfadada conmigo. Cenamos barato y Sandra, entre lágrimas, puesto que le había contado al detalle la historia de mi toalla amarilla, me prometió recuperarla. Pero no lo hizo, aunque en realidad no lo sabemos, porque no la he vuelto a ver desde entonces. Adri y yo fuimos a dar una vuelta a Hora. Nos dedicamos a buscar gente guapa o individuos que estuviesen mal vestidos: para meternos con ellos, con todos. Estuvo bien. Ios es precioso”.

Esta es la historia de mi toalla amarilla que llevaba conmigo desde los 6 o 7 años: secaba como ninguna: su color era especial: su textura dura e inapelable: estoy seguro de que sus letras blancas indicaban algo profundo, que por una confina razón que atañe al trauma que supuso su pérdida, no consigo conmemorar. Pero que nadie gimotee o solloce porque mi toalla amarilla tiene ya una nueva hermana. Gentileza de unos amigos ejemplares de la Facultad de Filología de Santiago de Compostela. A ellos les debo mi nueva toalla, aunque la nueva sea de baño y no de playa, amarilla. Me la regalaron por mi cumpleaños. Gran obsequio. Gracias Charlos, te la dejaré utilizar cuando vuelvas a mi sofá, o para que la emplees en sacar la pizza del horno. Gracias Suri, resplandeces casi tanto como mi toalla. Gracias Albuela que estabas en tu casa ourensana cuando me la dieron, honorando a tu nombre. Y gracias Raquel por intentar lo de la fiesta sorpresa, por no saber mentir, y por ser tan Flaca.

Siddhartha se hubiera quedado en la terraza.

Me regalaron un libro, Siddhartha, de Hermann Hesse, por mi cumpleaños. ¡Cuántas cosas! Hesse, 1877-1962, está hoy en día muy en boga por su búsqueda del yo profundo mediante una síntesis de espiritualidad pseudoccidental y asiática. Lo publicó en 1922 y resultó ser una de sus novelas más célebres. Plantea el problema espiritual del hombre y plasma la experiencia que vivió el propio autor durante un viaje a la India que emprendió en 1911. Empecé a leerlo inmediatamente después de recibirlo. A menudo en estas dos o tres semanas fui a tumbarme en las escaleras de la plaza compostelana La Quintana. Resultan bastante incómodas al principio. Después te acostumbras y empiezas a valorar otras cosas como el fresco de la piedra, el correr de los niños, o el sonido de fondo del jazzman. Fui varios días, pero entre apuntes de clase y otro libro que estaba leyendo antes que el de Hesse, no había podido finiquitar el breve Siddhartha. Así pues, este fin de semana pasado me lo tomé como una meta. El viernes en el viaje en tren me pegué, alternando con alguna que otra conversación, un gran atracón. Lo acabé ayer por la noche después de que viniese un amigo a casa y jugásemos al billar. Ocurrió lo inusitado: perdí con él. Le quedó buen sabor de boca y me dijo que me cambiase y que me fuese con él. Yo, testarudo, cuando lo acompañé para cerrar el portal, noté que, a pesar de que la lluvia había predominado durante todo el día, se estaba a gusto al aire libre. No lo pensé más y me dirigí hacia mi terraza de lectura veraniega con Siddhartha en los brazos:

“Por la noche admiraba el orden de las constelaciones en el cielo, y la media luna que, como una barca, flotaba en el espacio azul.”

“ Lo primero que aprendió de él fue a escuchar, a prestar oído con el corazón en calma, con el ánimo abierto y expectante, sin apasionamiento, sin deseos, juicios y opiniones.”

Es una preciosa novela ambientada en la India Clásica, con un protagonista que piensa y siente que lo que el hombre debe hacer es encontrar el camino hacia sí mismo. Lo realmente paradójico es que no deje escapara antes a su propio hijo de sus ataduras, de sus brazos. El final: Siddhartha y su amigo Govinda, dos ancianos y una conversación preciosa. Mi profesor de Sánscrito me dijo que había una traducción al latín de este libro. Tanto éste libro como, según dicen, su obra más conocida, El lobo estepario (Steppenwolf de 1927) exploran lo hondo del espíritu.