No, es broma. Parecía un gallego (en el buen sentido): pero no lo era. Gaditano de nacimiento, vive desde hace unos años en Sevilla. Su imagen de niñobien hizo que yo me figurase que era del norte de España. Craso error. Era sureño. ¡Tragedia!, pensé al principio. Estudia una carrera tan bien diseñada, tan difícil, tan importante para la supervivencia y el bienestar del ser humano (sic), como es Arquitectura. La lleva al día, a curso por año. Y para los que crean que esto es casi imposible, sólo decirles que este gaditano con alma de gallego ha visitado, por poner un ejemplo, este verano, París y Londres. No creo que sea fácil combinar durante el año la carrera con algún que otro viaje. Pero él lo hace, o va a hacerlo, al menos, este curso. Lo conocí en Londres, en la clase Upper-Intermediate del curso de inglés. Para los que les interese: su gramática era buena, su pronunciación: del sur. Pero, en cambio, como ya he señalado, del norte parecían sus modales e incluso algo muy importante en una persona; su humor. Es de los que le gusta más cruz y raya que los morancos, y eso es extraño por Andalucía. Se gusta a sí mismo desconcertando, mofándose de la gente. Pero muy pocas veces ataca él primero. Su ironía está muy cerca de la gallega. Aprende rápido, la verdad. Un buen día me dio una lección. Os presento el contexto: el muchacho es un GPS andante. Si le dices “llévame a una parte de Londres”, él simplemente lo hace y las más de las veces sin mapa. Su orientación, como he dicho, es extraordinaria. Empezamos a quedar con él cuando reconocimos su habilidad innata (evidentemente). Como recompensa, no creáis que éramos tan crueles, le ofrecíamos cena y cobijo. Como decía, un buen día, creo recordar que el día en que cenábamos los componentes de ABBA y el profesor filosófico en la cocina de la residencia, Dani, así se llama, llegó y me hizo un comentario.
Dani: “`[Ojcar, ¿sabes lo que me ha pasao hoy?]”
Yo: No dime, dime Dani.
Dani: [Pues na, que venía yo, ¿sabes?, venía yo to despistao en el metro y claro sabes que el único momento en el que yo me desoriento es cuando salgo de la estación, vamos, de la boca del metro].
Yo: Si, si, lo sé ¿y que pasó?
Dani: [Pues na tio, que me dije yo al salir, ¿y ahora hacia donde queda la Residencia? Y nada que me he conseguío orientar gracias a la Luna. He interpretao la posición y he sio capaz de orientarme.]
Yo: Joder, Dani, que crack eres, eres muy grande tio.
Dani: [No es tan difícil.]
Instantes después de que yo me lo hubiera creído todo me explican la broma: la noche estaba nublada y la Luna, cubierta.
Pero la fortuna, el azár, τυχη la llamaban los griegos, hizo que yo pudiera vengarme con garantías. Ocurrió que tras un lento, canario, y arduo periplo para conseguir billetes para Cambridge, acabamos en el Tube que conecta en una hora Londres con Oxford. Durante el viaje yo dormí, mientras una amiga, Alba, y el sujeto, Dani, ojeaban uno de los mapas de mi guía. Llegamos a Oxford y nos bajamos con la otra pareja de agradables valencianos que venían con nosotros. Yo todavía no estaba demasiado despierto al bajar del autobús. Mis compañeros de viaje tampoco lo parecían porque les costaba mucho orientarse. Creyeron hacerlo, pero finalmente Dani desestimó la idea. El mapa de mi guía parecía no servirles y llegaron a entrar en una tienda para ojear un nuevo mapa. Alguno de ellos cuando entraron en la tienda dijo que era mejor no comprar otro mapa porque eran iguales al de mi guía. Caminamos, un tanto a la deriva, y llegamos a una iglesia y a lo que parecía ser la calle principal de Oxford. Alba y Dani intentaban sopesar las teorías ajenas e imponer, claro, las suyas. Alba proponía, señalando en el mapa varios lugares posibles relacionados con nuestra localización. Dani simplemente los echaba abajo, los desestimaba por variadas razones. Hasta que dijo, es posible que estemos aquí. En ese momento tomé yo el mapa. ¿Os imagináis mi sorpresa, mis insultos, y nuestras vistosas carcajadas en el momento en el que yo dije que en la parte superior de la página del mapa se podía leer Cambridge?
La verdad es que no nos aburrimos mucho con el único y peculiar sureño que no baila en los pubs de Londres y que entiende y domina como nadie el humor gallego.